Si tienes un diente que duele al morder, o que reacciona de forma exagerada al frío y se queda molestando un buen rato después, es posible que estés ante una pulpitis. No es un diagnóstico que debas hacer tú mismo, pero sí conviene saber qué es, qué tipos existen y por qué la diferencia entre uno y otro determina si tu diente se puede salvar con un tratamiento sencillo o si ya necesita una endodoncia.
Qué es la pulpitis
La pulpitis es la inflamación de la pulpa dental, el tejido vivo que hay en el interior del diente, formado por nervios y vasos sanguíneos. Esa inflamación suele ser la respuesta del diente a una agresión: una caries que ha avanzado lo suficiente para acercarse al nervio, una grieta, un golpe, o incluso un tratamiento dental reciente (un empaste profundo, por ejemplo) que ha irritado la zona.
Cuando la pulpa se inflama, el diente se vuelve mucho más sensible de lo normal. Y aquí es donde aparece la distinción más importante: si esa inflamación es reversible o irreversible.
Pulpitis reversible vs irreversible: la diferencia clave
- Pulpitis reversible. El nervio está irritado, pero todavía sano y con capacidad de recuperarse. Si se elimina la causa a tiempo (por ejemplo, tratando la caries que lo está irritando), la inflamación remite y el diente se cura sin necesidad de endodoncia.
- Pulpitis irreversible. El daño al nervio ya no tiene vuelta atrás. Aunque se elimine la causa original, el tejido no se recupera, sigue inflamado o empieza a morir. En este caso, la única forma de salvar el diente es mediante una endodoncia, que retira el nervio dañado y sella el diente por dentro.
La buena noticia es que, en ambos casos, hay tratamiento y el diente se puede salvar. La diferencia está en qué tipo de intervención hace falta, y eso solo se determina con una valoración profesional.
Síntomas que indican cada tipo
Pulpitis reversible:
- Dolor breve al frío, calor o dulce, que desaparece pocos segundos después de retirar el estímulo.
- No hay dolor espontáneo (es decir, el diente no duele si no hay un estímulo que lo provoque).
- Molestia leve, más una sensibilidad incómoda que un dolor intenso.
Pulpitis irreversible:
- Dolor que persiste varios minutos después del estímulo, o que incluso aumenta tras retirarlo.
- Dolor espontáneo, que aparece sin motivo aparente y puede despertarte por la noche.
- Dolor intenso al masticar o al aplicar presión sobre el diente.
- En fases más avanzadas, puede aparecer hinchazón en la encía.
Si tu molestia se parece más a la primera lista, hay buenas probabilidades de resolverlo sin endodoncia. Si se parece a la segunda, es probable que el dentista te hable de ese tratamiento — puedes leer más sobre qué es una endodoncia y cuándo se necesita si quieres saber qué esperar.
Qué pasa si no se trata
Una pulpitis no tratada no mejora con el tiempo, evoluciona. Una pulpitis reversible que se ignora puede convertirse en irreversible si la causa (normalmente una caries) sigue avanzando. Y una pulpitis irreversible sin tratar termina en la muerte del nervio, lo que puede derivar en una infección con absceso, dolor mucho más intenso y, en el peor de los casos, la pérdida del diente.
Cuanto antes se valore, más sencillas y económicas suelen ser las opciones disponibles.
Cuándo toca ir al dentista
No hace falta esperar a tener certeza del diagnóstico para pedir cita: para eso está la revisión. Pero hay señales que indican que conviene no demorarlo:
- El dolor te despierta por la noche.
- La molestia dura más de unos segundos tras el frío o el calor.
- Duele al masticar o al tocar el diente.
- Notas hinchazón en la encía cerca del diente.
¿Tienes alguno de estos síntomas?
Cuanto antes se revise el diente, más opciones de tratamiento hay disponibles. En Cámara Carrillo valoramos tu caso y te decimos con claridad si el diente necesita una endodoncia o si se puede resolver de forma más sencilla.
